miércoles, 11 de junio de 2008

EL SULTAN Y EL VISIR

Un visir había servido a su amo durante unos 30 años, y era reconocido y admirado por su lealtad, su sinceridad y su devoción a Dios. Su sinceridad, le había ganado en la corte muchos enemigos, que difundieron falsas historias sobre su ambigüedad y su perfidia. Día y noche le llenaron los oídos al sultán, hasta que este comenzó a dudar del humilde visir, y al fin condeno a muerte al visir que le había servido durante tantos años. En aquel lugar era costumbre que los condenados a muerte fuesen atados de pies y manos y arrojados al corral en el cual el sultán tenía encerrados, sus más feroces perros de caza, que de inmediato se abalanzaban sobre la víctima y la desgarraban. Sin embargo antes de ser arrojados a los perros, el visir cedió que se le concediera un último deseo” Me gustaría que me concediera 10 días de gracia, para que pueda pagar mis deudas, cobrar lo que me deben, devolver los objetos cuya guarda me fue encomendada, por la gente, distribuir entre los miembros de mi familia y mis hijos, y designar un tutor para estos últimos”. 
 
Después de asegurarse de que el visir no se fugaría, el sultán le concedió su pedido. El visir corrió a su casa, recogió cien monedas de oro, y fue visitar al cazador que cuidaba los perros del sultán. Le ofreció las cien monedas de oro y le dijo: “déjame cuidar a los perros durante diez días”. El cazador accedió y, durante los diez días que siguieron, el visir cuido de las bestias con suma atención, limpiándolas, cepillándolas y alimentándolas de lo mejor. Al final del decimo día los perros comían de sus manos. Al undécimo día el visir fue llamado ante la presencia del sultán; se repitieron los cargos y el gobernante observo como ataban de pies y manos al visir y lo arrojaban a los perros.

Sin embargo, en contra de lo que tofos esperaban, cuando los perros lo vieron corrieron hacia el meneando la cola. Le lamieron afectuosamente los hombros y comenzaron a juguetear a su alrededor. El sultán y los demás testigos del hecho quedaron pasmados. Cuando el sultán le pregunto, por que los perros le habían perdonado la vida, el contesto: “Estuve cuidando de estos perros durante diez días”. Usted ha visto los resultados con sus propios ojos. Al sultán lo he cuidado durante treinta años, ¿y cuál ha sido el resultado? Me condenan a muerte sobre la base de acusaciones de mis enemigos” El sultán se sonrojo avergonzado. No solo le perdono la vida al visir, sino que le obsequio lujosas vestimentas nuevas y le entrego prisionero a los hombres que lo habían calumniado. El noble visir los puso en libertad y los siguió tratando con amabilidad.

THE SUBTLE RUSE:THE BOOK OF ARABIC WISDOM AND GUILE.
SIGLO XIII.

3 comentarios:

ferzvladimir dijo...

las acciones valen mas que mil palabras, no son los comentarios negativos los que hacen añicos nuestra reputacion, sino la manera de manejarnos y de comportarnos ante los demas. las personas no se jusgan por los comentarios de otras personas, que deben de tener sus propios motivos para criticar y difamar la reputacion de los demas, sino con un trato intimo y estableciendo una relacion personal que nos permita tener un juicio propio. en este caso el cuento del sultan y el visir viene como anillo al dedo, y como este ultimo, el visir, tiene la suficiente paciencia y habilidad para demostrarle lo contrario.

Terox dijo...

Las acciones se deben sostener por sí mismas, más allá de la fama o las simpatías o antipatías que tenga una persona.

ferzvladimir dijo...

en pocas palabras, las acciones valen mas que mil palabras