martes, 1 de noviembre de 2011

JOSE MARTI







A mediados del siglo XIX, Cuba, Provincia de España, rica y productiva, convertida en la azucarera del mundo, había producido tres personajes extraordinarios: El padre Félix Valera, Jose Antonio Saco y Jose la luz y Caballero, filosofo y ensayista y maestro que abonaron con su pensamiento liberal y revolucionario, y con sus obras, el camino hacia la independencia. Para esa época, el 28 de enero de 1853, nacía en la habana cuba, capital de la colonia, Jose Martí, hijo de españoles, quien seria el instrumento de la historia que serviría para consolidar la conciencia del pueblo cubano y culminar, en sangriento y costoso recorrido, la valiente y trágica epopeya  de la independencia que, antes de haber iniciado su primer episodio, el 10 de octubre de 1868, dejaba atrás movimientos precursores como “La Conspiración Aponte”, “La Conspiración de El Águila Negra” y “El Proceso de la Escalera”.



Quince años tenía Martí cuando se inicio en oriente, bajo el mando de Carlos Manuel de Céspedes, en el ingenio de “La Demajagua”, la Guerra de los diez años. Bajo la jefatura militar de los dominicanos, inicio el pueblo de Cuba, en ese momento, su primera experiencia de Guerra  Popular. De ella saldría Máximo Gómez convertido en la primera figura militar del continente. Entonces estudiaba Martí en el colegio “San Pablo”, bajo la dirección severa y la disciplina del profesor Rafael Mendive, patriota, republicano, que estimulo y cultivo esas ideas, en fértil terreno, propias de esa edad. En Cuba, la isla fascinante, Juan Bosch  dice: El caso de jose martí, como experiencia carnal de la forma solapada pero firme que trabaja la historia, es de los más curiosos y completos  que pueden darse. Había nacido con sensibilidad necesaria para ser, como lo fue, uno de los grandes poetas y tal vez el más grande y original escritor de su habla en el siglo XIX (Ref. Juan Bosch. Cuba, La Isla Fascinante). Pero más allá de la sensibilidad del poeta y del escritor, se desarrollo, como torrente incontenible, un profundo sentimiento patriótico.  



A esa corta edad no desperdicio Martí la oportunidad para proclamar su pensamiento. En varios de los pequeños periódicos del momento, publico alguno de sus versos; pero en La Patria Libre, inspirado por su maestro Rafael Mendive, en el que sale, un verso épico dramático Abdala,  “Escrito expresamente para la patria”, una de cuyas estrofas dice:



El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni la yerba que pisan nuestras plantas:
Es el odio invencible a quien la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca…



Meses  después es apresado por  las autoridades coloniales  junto a otros compañeros adolescentes, y condenado a seis años de prisión. Indultado luego, es obligado a salir del país bajo la condición de establecerse  y residir en territorio de la Metrópoli. Allí comenzó estudios de la carrera de derecho y se dedico al periodismo. Graduado en leyes y en pleno ejercicio de la profesión de periodista, regreso a América estableciéndose en México.



En ese país estaban vigentes los principios de la restauración  y las ideas patrióticas, reformistas y liberales de Benito Juárez. Martí rehusaba ejercer la profesión de abogado y se dedica al periodismo. Labora en La Revista y se hace crítico de arte y teatro. Visita los salones de los intelectuales mexicanos fascinado por la belleza trágica de Rosario de Peña, a quien todos llaman Rosario  la de Acuña, le dedica versos en emotiva expresión de sus sentimientos. Pero en el fondo de su conciencia solamente Cuba  domina sus pensamientos. Inmerso en los problemas políticos locales busca en ellos guía  y consuelo para su patria que llora. Allí le llegan los detalles de la guerra que se libra en la parte oriental de su país y que lentamente apaga  la conducta individualista de sus jefes criollos. La guerra tiene carácter local y regional y terminara en fracaso militar. Para Martí en México, mientras tanto, la situación se torna difícil políticamente porque Porfirio Díaz emerge triunfante contra el gobierno civil del presidente Lerdo, por quien Martí ha demostrado simpatías.



Se ausenta de México y realiza breve escala en Cuba usando nombre falso. Permanece breve tiempo y se dirige  a Guatemala, donde gobierna Justino Rufino Barrios, amigo de la independencia cubana, general y político liberal, de mano severa y firme actitud anticlerical, que había iniciado una renovación general  de las instituciones del estado, que alcanzaba las costumbres políticas. Estaba además decidió a modernizar su país en términos educativos. Había promovido el desarrollo de la riqueza nacional y multiplicado las escuelas. Mantenía abierta y subvencionada la Universidad Nacional, con las figuras intelectuales mas destacadas y había fundado una escuela secundaria que en aquellos momentos  se conocía con el nombre de “Escuela formal”, similar a la que fue establecida, para esa época, por el sistema educativo de Eugenio Maria De Hostos en la Republica Dominicana. Martí encontró colocación como profesor de Historia y Literatura. 



Permanece cerca de dos años en Guatemala y recibe la noticia del fin de la guerra en Cuba. La Paz de Zanjón, pone término a diez años de lucha sobre la base de un acuerdo  que no reconoce la independencia de sui patria. Martí sale de Guatemala el 26 de julio de 1868 con destino a su tierra; en ella, aparentemente, prevalece un sentimiento de conciliación bajo la jefatura del general español Martínez Campos, promotor de una política liberal de España en la rica colonia del Caribe.



Pasaron los meses y las promesas de la Paz del Zanjón no se cumplieron frente al pueblo cubano. La presencia de Martínez Campos  como gobernador de Cuba constituye más bien un estorbo para la política de España. Los Gobernantes de la Metrópoli no aprenden la lección. La Guerra de los Diez años había costado a España y Cuba 200,000 muertos y 700 Millones de Pesos. Pero Cuba todavía era rica. Como provincia de la Monarquía española  gozaba de privilegios que las otras no disfrutaban. Además tenia ferrocarriles, carreteras, puentes, las calles empedradas, con aceras, y su capital albergaba una población de de aproximadamente250,000  habitantes. En esa sociedad, escenario de tanto desarrollo económico, social y político, se destaco Martí desde el primer momento de su llegada. 



Tiempo después su fama como orador había alcanzado a todos los sectores de la población. En sus relaciones con sus conciudadanos, su conducta era la misma frente a todas las personas, negras y esclavas, libres de color, así como a los blancos criollos. Su comportamiento era el de un patriota, republicano y liberal. 



Como orador, su nombre había trascendido de manera tal, que el recién llegado Gobernador y capitán general quería escucharlo. Asiste a una velada en la cual Martí hace la presentación de un famoso violinista cubano llamado Díaz Albertini. Martí  percibe la presencia del gobernante español y pronuncia un discurso que constituye una ardiente loa a la patria y al porvenir de los cubanos.



El jefe español cuando se retira dice: Quiero no recordar lo que he oído y no concebí nunca se dijera delante de mi, representante del gobierno español. Voy a pensar que Martí es un loco. Pero un loco peligroso.



En esos días el poeta era uno de los organizadores de la conspiración independentista republicana en La Habana. Cuando es descubierta, algunos de sus compañeros son arrestados y Martí apresado y embarcado bajo “partida de registro” hacia España. De nuevo al exilio. Su estadía allí será corta.  En términos históricos, su misión,  como promotor y agente de la independencia de su patria, ha comenzado.



Se traslado a los Estados Unidos, donde se había concentrado una parte importante de la actividad independentista de los cubanos. En New York  se estableció definitivamente. El 22 de julio de 1882 escribe a Máximo Gómez  pidiéndole consejo y su opinión acerca de los trabajos que ha estado realizando. En la gran urbe norteamericana Martí lleva a cabo, de manera permanente, una labor de proselitismo y propaganda. En octubre de 1844 llegan Máximo Gómez  y Antonio Maceo. Luego de las primeras reuniones, vendrán las diferencias entre el adusto y severo general, acostumbrado a mandar y a ser obedecido y el revolucionista civilista que termina diciéndole, en una carta histórica:   Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento… En respuesta Gómez consigna: como se vera este hombre me  insulta de un modo inconsiderado, y si se pudiera saber el  grado de simpatías que al conocer a Martí sentí por el, solo así se podrá tener una idea cabal  de lo sensible que me ha sido leer estos conceptos que sin ambajes ni rodeos ha hecho de mi, y del mismo modo emite…
 




Enfriadas las relaciones solo el amor por cuba los hará limar asperezas. La gran empresa  libertadora había empezado de nuevo. Martí pregona: “La Guerra Necesaria”, escribe, habla, se reúne, trabaja, la legión de admiradores va creciendo y los que le apoyan son cientos de cubanos que quieren ver su patria libre  de la dominación española.  En 1888 se establece Máximo Gómez en Monte Cristy, cerca de la laguna salada y comienza a trabajar en su finca que tiene por nombre “La Reforma”. Martí sale de los Estados Unidos  en agosto de 1892. 



En el tiempo transcurrido entre  ese año    y el de 1895, El apóstol visitara territorio dominicano tres veces, acordando con Gómez el inicio de la última etapa de la guerra de independencia. Había fundando en enero   de 1892 el Partido Revolucionario Cubano, el instrumento político que hará realidad la libertad de su patria. Actuó n ese terreno con el mismo criterio   de Juan Pablo Duarte, el patriota dominicano, fundador de la sociedad secreta “Trinitaria”. Guardando las distancias de los episodios históricos en los cuales fueron protagonistas, ambos comprendieron que era imprescindible la creación de un instrumento político para la ejecución de sus proyectos.   



A partir de enero de 1895, la actividad de Martí es extraordinaria. Viaja por diferentes lugares del país. Se traslada a Cabo Haitiano y regresa a Monte Cristy deteniéndose en la Vega, Santiago, Guayacanes, Villalobos, Esperanza y Juan Gómez. En este último transcurre un momento   inolvidable para el: Baila merengue con las jóvenes lugareñas y se divierte al compás del “Juan Gomero”. 



El 25 de Marzo de ese año  da los toques finales y firma, junto a Gómez, el Manifiesto de Monte  Cristy, documento que constituye el acta de independencia de cuba.  Le escribe a Federico Henríquez y Carvajal  una carta que se convertiría en testamento  político. Mientras tanto, desde febrero, en Cuba se pelea de nuevo. Ha comenzado el episodio final de la Guerra de independencia: “La Guerra Necesaria”. 



No importa el costo de vidas o bienes: La decisión de los cubanos, a sangre y fuego, es independizarse de España. En la madrugada del primero de Abril de 1895, se embarca para cuba  “una mano de valientes”: Jose Martí, Máximo Gomes, Paquito Borrero, Ángel Guerra, Cesar Salas, y Marcos del Rosario. Se había iniciado la última epopeya Americana del siglo XIX. 



El filo del machete y la tea incendiaria  abrirán en tres años de lucha violenta, el sendero de la libertad y la dignidad del pueblo cubano no pudo ser recorrido hasta los últimos resultados, porque lo impido la intervención militar de los Estados Unidos  en ese conflicto que trajo como  consecuencia la derrota de España, en otros escenarios y fue obligada a suscribir el tratado de Paris en 1898.


Cuando este acontecimiento vino a consumarse, habían transcurrido tres años de la muerte en el campo de batalla de El Apóstol de la Independencia Cubana. En un lugar llamado Dos Ríos, en Oriente,  el 19 de Mayo de 1895, había caído Jose Martí, la personalidad más conmovedora, profunda, y patética que ha producido el alma popular hispánica en América: A partir de ese momento, el sacrificio y el ejemplo de El Apóstol, alienta, ilumina, y guía al pueblo cubano. 

   

Autor: Euclides Gutierres Feliz

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