domingo, 14 de febrero de 2010

MANIPULACION DE LAS CIRCUNSTANCIAS


El jefe militar inteligente entiende los deseos del gobernante para el futuro. Mantiene el ejército para cuando se le pida proteger al imperio, en el momento en que el gobernante desee su expansión. Debido a esto, el ejército es mantenido siempre en armonía con el Cielo. Los generales mantienen su organización a través de la cadena de mando, porque a través del jefe militar se les informa sobre los deseos del gobernante. Aun así, mantener el control es difícil, a pesar de lo organizadas que puedan parecer las cosas. Las cosaspueden parecer difíciles cuando son simples y simples cuando son difíciles. El inteligente entiende esto y mantiene el control mediante la manipulación.

Debe emplearse la manipulación como engaño/no engaño. Esto significa que no existe una actitud predispuesta hacia la manipulación de las circunstancias. Lo de engaño/no engaño significa que procedemos sin ideas preconcebidas de victoria o derrota. Esto se logra mediante una adecuada planificación. Crearle dificultades al enemigo a lo largo del camino es entender este principio. Incluso partiendo tras un largo retraso, el jefe militar que entiende este principio llega antes que el enemigo.

Los peligros de cualquier forma de manipulación son evidentes al igual que sus ventajas. Por ello, el jefe militar prudente no permitirá que la totalidad de su ejército persiga un objetivo. conservará siempre reservas por si se hicieran necesarias de forma evidente. Si el jefe militar actúa sin prudencia, si insiste en que sus tropas se desplacen a un ritmo no natural, si deja detrás suyo material y suministros importantes, es que no entiende los principios de la manipulación. Fracasará. Si el objetivo es capturado con demasiada rapidez y los suministros necesarios para cumplir con las obligaciones del acto no están disponibles, su pensamiento es erróneo. Fracasará.


Si unos suministros son trasladados lentamente hasta la fuerza de combate principal en un momento de necesidad, o si las tropas que los defienden son atacadas, quizás los refuerzos no llegarán nunca al frente. También en este caso fracasará. Estas cosas son la consecuencia de una incorrecta planificación y se dice de ellas que es actuar con los pies firmemente puestos en el aire.

Si un jefe militar ha de moverse con rapidez y por alguna razón debe dejar algunos de sus suministros desprotegidos, es porque su planificación no ha sido correcta. Quizás es que los Cielos consideran oportuno hacerle caer en la desgracia. Sea como fuere ha de tener acceso a sus tropas de retaguardia y a sus suministros. De la misma manera, debe enviar exploradores hacia delante para conocer las condiciones del país que está invadiendo. Nunca entra en un país extranjero sin haber obtenido la mayor cantidad de información posible. Hacerlo sería una completa locura. A esto se le dice tener la cabeza en las nubes. A fin de entender perfectamente las condiciones del estado que se está estudiando asediar, utiliza a los hombres deshonestos e indignos del lugar. Son innumerables y venderían sus almas para sentirse seguros con los nuevos señores. Ofrecerán información a cambio de algún dinero o favor. Esta información debe contrastarse para ver si es exacta y evitar caer en una trampa maligna. Si se comprueba la validez de la información, debe recompensarse al informador.

Si la información es falsa, hay que matar al informador como advertencia a los demás. La información debe permitir un mejor uso del engaño/no engaño; de otro modo es inútil. Los jefes militares que tienen un propósito claro y son valerosos intentarán cambiar las condiciones de la guerra mediante la dispersión de las tropas del enemigo de formas no ortodoxas –creando condiciones a las que deberá enfrentarse el enemigo para procurar su propia seguridad–. Esto cansará a las tropas enemigas y se desmoralizarán si son empleadas para otras cosas que no sean guerrear.

Al manipular las tropas enemigas, el jefe militar debe entender los principios de acción y no acción. Cuando las tropas deben moverse deprisa, es preciso que lo haga todo el contingente y sin retrasos. Esto no quiere decir que deban precipitarse hacia delante. Debe organizarse lo necesario a fin de prepararse para moverse con prontitud para alcanzar los objetivos sin agotarse como consecuencia de los esfuerzos de la marcha. En ocasiones, cuando el ejército se mueve lentamente, debe dar al enemigo la impresión de majestuosidad. Deben sonar las trompetas y redoblar los tambores. La imagen ha de ser de gran fuerza y determinación.

Los campesinos del país invadido informarán a sus superiores y señores que el ejército que se aproxima es poderoso y que están asustados. Esto producirá consternación en el enemigo y esta circunstancia puede aprovecharse para aumentar el caos. El general que no puede conseguir estos resultados de las tropas del jefe militar debe ser reemplazado inmediatamente por alguien que pueda. Cuando se lleven a cabo incursiones y se tomen botines, hay que hacer mover a las tropas invasoras con determinación y rapidez. El acto de saquear un país hace que las tropas invasoras tiendan a relajar su alerta. Si se tolera esta mentalidad, se interesarán por el acaparamiento de baratijas olvidando la razón primera de su presencia en aquel lugar. El jefe militar prudente debe insistir en que el ejército entre y salga con rapidez. Sabe apoderarse de lo que puede acarrear con facilidad, dejando el resto para la gente. De otro modo, el odio de la gente conquistada viajará más rápido que el viento.

Con astucia, no permitirá que todas sus tropas participen en la destrucción del país conquistado, sino que compartirá el botín con todos sus hombres. No se quedará nada para sí. Su ambición no debe centrarse en los beneficios inmediatos sino en el futuro. Cuando el ejército permanece inmóvil, ha de dar la sensación de solidez con independencia del número de soldados que pueda tener. Debe operar sin corrupción, dedicando los generales su atención a este asunto. Los hombres deben estar constantemente comprobando sus armas, haciendo maniobras y limpiando su armadura. Así, los informes que le llegan al enemigo son de confianza y determinación. Al mismo tiempo, asustarán a sus tropas. Es importante mantener un sistema secreto de señales compuesto por la apariencia y comunicaciones de las tropas. El ejército se reconoce con estas señales y responderá en consecuencia cuando las reciba. Si no existe un sistema secreto de comunicaciones, quizá los valientes guerreros irán a la batalla sin apoyo. Estas señales evitan también que los cobardes se retiren al enfrentarse a la batalla, puesto que son fácilmente reconocibles.

Los gritos y alaridos en batalla ayudan a aumentar la pasión y la virtud de un guerrero. Debe alentarse a los soldados a gritar en las prácticas y durante el desarrollo de combates mortales. Los gritos y alaridos favoritos deben incluirse en canciones de batalla para inspirar valor. Los uniformes para grupos separados pueden ser distintos entre sí, pero las medallas y los galones han de ser los mismos. Los uniformes deben contener un símbolo significativo que los unifique a todos. Deben estar decorados con señales de valentía. Deben darse medallas a los merecedores de las mismas que hagan destacar al uniforme del guerrero, sin ser chillonas. Estas medallas deben sugerir una mística, de modo que los que no las posean quieran tenerlas también. Esto incrementará su deseo de mostrar más coraje y eficacia en la batalla. La valentía es valentía y no se la debe considerar de modo distinto según las tropas de que se trate. El reconocimiento y las recompensas han de ser los mismos, si no, el jefe militar puede encontrarse rodeado por tropas que no comparten la misma escala de valores. Esto las desmoralizará. Los hombres descontentos y confundidos no luchan con bravura.


El jefe militar debe valorar el deseo de sus tropas de sentirse en casa en lugar de como en un campo de batalla, de modo que las dividirá en grupos menores, permitiéndoles mantener su propia identidad sin caer en la melancolía. Estas unidades menores estarán solas mientras vivaqueen, pero se unirán para formar una fuerza mayor en el momento de la batalla. El jefe militar utiliza esta idea sabiendo que las tropas mantendrán su imagen y competirán unas con otras para hacer mejor el trabajo.

El ánimo de la mayoría de los guerreros, con raras excepciones, varía con el tiempo. Por la mañana, un guerrero está lleno de vitalidad y desea entrar en combate; por la tarde, puede sentirse cansado si las expectativas de combate no se han materializado; y, por la noche, sentirá añoranza de su hogar y deseará estar allí en lugar de en el campo de batalla. Es responsabilidad del jefe militar procurar que sus tropas estén ocupadas constantemente. En campañas de larga duración, las tropas acabarán desanimándose si no se las mantiene atareadas. Si sus mentes no están ocupadas, entonces idearán modos adicionales de no cumplir con su deber. Deberán ser castigadas. Se perderán tiempo y recursos para recuperar el control sobre ellas.


El jefe militar inteligente sabe que sus hombres estarán dispuestos a luchar en cualquier momento si se les mantiene informados constantemente de las condiciones que les rodean. A las tropas se les debe decir que su trabajo es importante, aun en los casos en que crean que carece de sentido. Esto forma parte de la manipulación mediante el engaño/no engaño. Si las tropas tienen sus mentes ocupadas, aunque sea con las tareas más ligeras, y sus estómagos no están excesivamente llenos, no se quedarán rezagadas sin entusiasmo. Esperarán en armonía y tranquilidad hasta que llegue el momento de luchar con valor por la victoria, el gobernante, y ellos mismos.

Cuando los guerreros están serenos y confiados en la capacidad de su líder, lucharán ferozmente, ignorantes del temor del combate. No quedarán intimidados por la apariencia del enemigo. Demostrarán ser merecedores de una recompensa. Los jefes militares que tienen éxito, no atacan nunca a las tropas de élite del enemigo. Son calificadas de “élite” por sus propios líderes ya que se las considera superiores en valentía y destreza a los guerreros comunes. Luchar con ellos en campo abierto es buscarse problemas. Nuestras propias tropas de élite deben usarse únicamente cuando la situación lo demanda y en ninguna otra circunstancia. No tiene sentido que una gallina luche contra una serpiente. Lo aconsejable es mantener contingentes de élite en reserva, usándolos principalmente para mantener el reino y la casa del gobernante.


No debemos atacar nunca si vemos que el enemigo se encuentra en excelentes condiciones y la imagen que ofrece es de fuerza y estabilidad. Su organización puede ser más fuerte que la nuestra y, por tanto, necesitaremos replantear nuestra estrategia. No hay que atacar al enemigo si éste controla el terreno alto. La gravedad no funciona hacia arriba. Es importante valorar nuestros recursos cuando se anuncia una batalla de este tipo. No atacar nunca al enemigo cuando éste se halle con su espalda contra una barrera que le impida la retirada.


En tal caso luchará con desesperación y nos infligirá graves daños si no ve escapatoria. Si pretende retirarse, no le sigamos hasta que veamos que todo su ejército se aleja de nosotros. No hay que dejarse engañar nunca por trucos que fuercen nuestra entrada en combate debido a nuestro exceso de confianza.

Si encontramos al enemigo marchándose hacia su casa, no le ataquemos. Se está yendo y se nos ha sometido. Si le atacamos cuando se retira, no le quedará más alternativa que luchar por su honor. Este tipo de guerrero es excepcionalmente peligroso. Si rodeamos al enemigo, deberemos cuidar de que tenga una ruta de escape. Si presionamos al enemigo cuando está intentando abandonar el área de la batalla, luchará con desesperación y sufriremos grandes pérdidas, con independencia de lo buena que pueda ser nuestra organización. Entendamos bien estos principios. Son el fundamento para la adecuada e inteligente manipulación de las tropas.

TEMAS ANTERIORES:

http://ferzvladimir.blogspot.com/2010/01/como-pensar-en-la-guerra.html

http://ferzvladimir.blogspot.com/2010/01/preparativos-para-la-guerra.html

http://ferzvladimir.blogspot.com/2010/01/la-naturaleza-de-los-ataques.html


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